CONTINUADORES DE LA REFORMA
1879-1900
Apuntes del libro "Historia de la Escuela Uruguaya" de
Orestes Araújo.
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Los continuadores de la Reforma.
Don Jacobo Varela. Segundo Inspector Nacional.
El inesperado fallecimiento de José Pedro Varela colocó al Presidente de la República, Coronel Latorre en un verdadero conflicto para poder sustituir a tan gran pensador. Varios fueron los candidatos en los que se pensó pero ninguno satisfacía las aspiraciones del Gobierno.
Se resolvió entonces dirigir a la Sociedad de Amigos de la Educación Pública una solicitud para que la Comisión directiva indicase las personas que a su juicio fueran las más competentes para sucederlo. No se sabe cual fue la respuesta de aquella Comisión pues la copia no consta en el archivo de la misma, pero la candidatura de don Jacobo A. Varela, hermano del Reformador, fue del agrado del Gobierno. Fue designado por un decreto del 5 de enero de 1880 para desempeñar el cargo de Inspector Nacional de Instrucción Pública.
Supo, desde un principio que la lucha iba a ser dura, como lo había sido durante la vida de su hermano. Convocó a los Inspectores Departamentales de Escuelas a una serie de conferencias familiares que sin boato se celebraron en Montevideo a mediados de 1880. De este modo pudo darse cuenta de los elementos de que disponía en los Departamentos como representantes de su autoridad e intérpretes de sus deseos, del criterio pedagógico de cada Inspector y de la situación y necesidades escolares de todas las regiones de la República.
El nuevo Inspector Nacional seleccionó los temas que debían tratarse. Algunos fueron; edad de los alumnos en la co-educación de los sexos, períodos de vacaciones, empleo de los libros de texto, edificación escolar, emolumentos profesionales, visitas de Inspectores, enseñanza obligatoria, escuelas normales, distribución del tiempo, horarios, organización de bibliotecas escolares, organización de las escuelas de un solo Maestro, escuelas ambulantes, enseñanza agrícola, censo escolar y general, duración de las clases, inasistencia de los educandos y reforma de la estadística.
A Jacobo Varela se debe la introducción de la Gimnasia en las escuelas de segundo y tercer grados, tanto de varones como de niñas, que más tarde otras autoridades escolares suprimieron. También la enseñanza de la costura algo descuidada en las escuelas de niñas, el ensayo de conferencias pedagógicas en campaña, que en Canelones tuvieron un éxito completo, las reglas de procedimientos para exámenes y concursos de Maestros y Ayudantes, la ampliación de facultades a los Maestros – Directores, el reglamento y programa para exámenes de Maestros, las primeras disposiciones para conservar la salud de los niños de las escuelas públicas, la fundación del Internato Normal de Señoritas, cuya dirección confió a la profesora María S. De Munar, el proyecto de un programa especial para las escuelas rurales, sin contar con numerosas disposiciones de distinto carácter destinadas a regularizar la marcha de la administración escolar en sus diferentes fases.
La innovación más atrevida de Jacobo Varela fue confiar a Maestras la Dirección de algunas escuelas de varones. Creó escuelas rurales en parajes de gran densidad de población. Así fue como cuando fue nombrado Inspector Nacional encontró en toda la República 151 escuelas rurales al dimitir el cargo dejó funcionando 218. Fue muy lúcido en asuntos de carácter económico y hábil en Contabilidad. Sus proyectos de reformas en esta parte de la administración escolar merecieron siempre la aprobación y con frecuencia el aplauso de la Contaduría General de la República. En toda esta laboriosa tarea fue ayudado por sus ilustrados vocales, Alfredo Vázquez Acevedo, Remigio Castellanos, Juan Alvarez y Pérez, José Arechavaleta y Plácido Ellauri.
Jacobo Varela también fue delegado del Gobierno del Uruguay al Congreso Pedagógico que en el año 1882 se celebró en Buenos Aires, y fue nombrado primer Vicepresidente efectivo del mismo, presidiendo la mayor parte de sus sesiones. En este Congreso desarrolló el tema La Educación de la Mujer, mostrando que ella es más capaz que el hombre para la educación de la niñez. Este tema era la síntesis que José Pedro Varela había propagado siempre y promovió animados debates en el Congreso que finalmente aprobó las conclusiones de Varela y que en la actualidad constituyen uno de los principios y fundamentos de la llamada "Doctrina Feminista".
Durante su administración hubo varios conflictos en la Dirección General de Instrucción Pública, entre los cuales fue la separación de su cargo a uno de sus mejores colaboradores por el Gobierno de Vidal, que fue Alvarez y Pérez. Pero la corporación siguió utilizando sus servicios cuando lo consideró oportuno.
Otro punto difícil fue el cargo que en público y por medio de un grupo de señoras, le hicieron los católicos, acusándolo de que él toleraba la omisión de la educación religiosa en el Internado de Maestras y en las escuelas públicas. Felizmente Jacobo Varela tuvo de su parte a casi toda la Prensa de la Capital, y el Gobierno se dio por satisfecho con las medidas adoptadas por la Dirección General de Instrucción Pública tendientes a garantizar la eficacia de lo propuesto por la Ley de Educación común en su artículo 18.
Al poco tiempo un nuevo y más delicado incidente agrava las relaciones entre el Gobierno del General Santos y las autoridades superiores escolares. Algunos Maestros de la Capital cansados de sus escasos y atrasados haberes, se reunieron cierto día para estudiar el asunto. El Gobierno lo interpretó como un acto de indisciplina y al día siguiente dio un decreto por el cual procedió a su destitución. Algunos fueron repuestos por haber demostrado que habían ido sólo por curiosear sin tomar parte en las discusiones ni votar. La protesta unánime de la Prensa y la intervención de la Sociedad del Magisterio presidida por Bonifaz salvó a otros pocos. Pero muchos firmes en sus derechos, abandonaron el profesorado y otros se fueron del país. Ese desagradable suceso agregado a otros atropellos cometidos por el Gobierno agotaron la prudencia de la Dirección que en octubre de 1882 elevó en masa su renuncia indeclinable la que fue aceptada. He aquí como se privó al país de elementos buenos, sanos y bien preparados para las funciones que desempeñaban.
Dr. Jorge H. Ballestero. Tercer Inspector Nacional.
La renuncia del Sr. Jacobo Varela y de la Dirección General de Instrucción Pública trajo el nombramiento del Dr. Ballestero para el cargo de Inspector Nacional a quien acompañó el Dr. Pedro Mascaró, El Dr. Pablo V. Otero, Ruperto Fernández y el educacionista Jaime Roldós y Pons que empezaron en diciembre de 1882. Las principales disposiciones que se dictaron en la Administración de Ballestero fueron las siguientes:
1. Que no fuesen permitidos los traslados de Maestros de Escuela de campaña a la Capital
2. Que en tiempo de vacaciones los Maestros no pudiesen separarse del paraje de su residencia sin autorización superior
3. Que para la supresión de Maestros o Ayudantes se observase un orden jerárquico
4. Que no se asignaran sobresueldos
5. Que se limitara el frecuente uso de las licencias que se concedían al personal docente
6. Que cuando se llamase a concurso para proveer el empleo de Maestro de alguna escuela y sólo se presentase un aspirante, se entendiera que la escuela no había sido ganada por concurso
7. Que se crease el puesto de Director en toda escuela cuya frecuentación media de alumno ascendiese a 400
8. Que los miembros de la Comisiones y Subcomisiones de Instrucción primaria pudiesen visitar las escuelas, pero sin ejercer en ellas autoridad escolar de ningún género
9. Que se inventariara el material escolar
10. Que los Inspectores Departamentales fuesen responsables de los conceptos vertidos en los documentos subscriptos por ellos en su calidad de Vicepresidentes de Comisión.
De todas estas disposiciones sólo una, la que crea el puesto de Director sin clases posee valor pedagógico, ya que tiende a mejorar la organización de las escuelas para que la educación que se prodigue sea más provechosa. Todas las demás cercenan atribuciones de Maestros, Inspectores, Comisiones, Subcomisiones ya restringidas por resoluciones anteriores. La que se refiere a la supresión de Maestros y Ayudantes deja traslucir una evidente disminución en la inscripción y asistencia de alumnos, como lo demuestra la estadística que en 1882 acusa una baja de 4.501 educandos sobre lo que arrojaba el año anterior.
Segundo Inspectorado de don Jacobo A. Varela.
A mediados de 1883 el general Máximo Santos propuso al Sr. Jacobo Varela la vuelta al cargo de Inspector Nacional a lo que éste último accedió siempre que el Presidente aceptara las condiciones que Varela le impondría.
El Sr. Jacobo Varela exigió el aumento en el número de las escuelas rurales, autonomía de la Dirección General con arreglo a la Ley de Educación Común y la regularidad en el pago del presupuesto. Su labor en este segundo período fue tan copiosa y de provecho como la del precedente. Uno de los primeros asuntos que ventiló la Dirección fue el que se refería a la enseñanza religiosa, resolviendo que en las Escuelas Públicas se dedicara a ella 20 minutos dentro de las limitaciones establecidas por el artículo 18 de la Ley de Educación Común y de conformidad con las condiciones en que los programas la consignaban. Esta resolución fue aprobada por decreto gubernativo de fecha 21 de julio de 1883, y puso fin al conflicto provocado meses antes por el elemento católico.
En setiembre del mismo año la Dirección resolvió que en la enseñanza de la historia en las escuelas del Estado no fuese controvertida la personalidad de Artigas, precursor de la nacionalidad uruguaya, y se prohibió por lo tanto el uso del Bosquejo Histórico del Dr. Francisco Berro.
En 1885 a solicitud de varios vecinos de la Aguada, el Gobierno después de oír la opinión del Inspector Nacional decidió que en la escuela pública de 2° grado N° 13 dirigida por Antonio Collazo y Villar se creara una clase para sordomudos. También se estableció el horario escolar único sobre el doble. También se preocupó Jacobo Varela de que los estudios hechos en las Escuelas Públicas del Estado en su grado superior se relacionaran y articulasen con los estudios preparatorios de la Universidad, como así se hizo previa la anuencia del Gobierno del General Santos.
Por decreto gubernativo de fecha 25 de enero de1889 el Gobierno del General Máximo Tajes dispuso la fundación de un Museo y Biblioteca Pedagógicos, confiando su dirección al Sr. Alberto Gómez Ruano. Este establecimiento prestó y sigue prestando meritorios servicios a la causa de la enseñanza y su adecuada organización ha servido de modelo de instituciones análogas en otros países.
Administración del Dr. Don José T. Piaggio.
A causa de haber sido llamado el Sr. Jacobo Varela como Ministro de Hacienda del gabinete del General Tajes, que sustituyó al General Santos en el gobierno del país, el Dr. Piaggio, segundo Vicepresidente de la Dirección General de Instrucción Pública, quedó encargado del despacho desde Marzo de1889 hasta abril de 1890. A pesar de ser un cargo interino se dedicó a él con toda su energía y buena voluntad. Trabajó en el sentido de que fuesen enviadas a Europa varias personas con objeto de que allí estudiasen las novedades pedagógicas, que tuvieran aplicación en las Escuelas de la República.
De aquí salieron los nombres de la Señorita Compte y Riqué para estudiar el sistema de enseñanza froebeliana y la organización de los jardines infantiles; del Sr. José H. Figueira que siguió en Naas un curso completo de Slojd estudiando también la gimnástica sueca y en otros países europeos el modelado, la música modal y la escritura; y del Sr. Casio A. Basaldúa a quien se encargó del estudio teórico y práctico del plegado y el cartonado. Basaldúa no consiguió trabajo a pesar de la importancia pedagógica del plegado y el modelado y debió ausentarse para Buenos Aires donde se le reconoció ampliamente.
Piaggio mejoró también los servicios de la administración escolar, acordó también que las fechas 19 de abril, 18 de julio, y 25 de agosto fuesen solemnizadas por el magisterio de primera enseñanza en sus respectivas escuelas y con presencia de sus alumnos, con lo cual se fomentaba el sentimiento patrio y el respeto a la Constitución de la República.
Don Urbano Chucarro. Cuarto Inspector Nacional.
Por decreto gubernativo del 21 de abril de 1890 fue nombrado Inspector Nacional de Instrucción Pública don Urbano Chucarro. Católico de formación en el desempeño de sus funciones jamás intentó que la Instrucción Primaria de la República variase rumbos ni filosófico ni pedagógico. El primer año de su administración fue más bien de exploración y tanteo, de estudio y aprendizaje de ordenación y de reconstrucción. Sin embargo a finales del año se celebró en Montevideo un Congreso de Inspectores Departamentales que fue el tercero de los de su género que tuvieron lugar en la República en el cual se llegó a las siguientes conclusiones:
1. Que los horarios debían ser contínuos
2. Que siguiese rigiendo el mismo programa con el agregado de Fenómenos Mentales, Trabajos Manuales y Economía Doméstica
3. Que para los parajes rurales extensos y poco poblados debería adoptarse el tipo de escuela ambulante
4. Que en materia de estadística escolar, en vez de usar los estados mensuales se empleasen los trimestrales
5. Que se reformase la reglamentación de las visitas de los Inspectores y
6. Que se instituya una caja de ahorro y Montepío escolar.
Exceptuando la última conclusión, las demás no son sino la confirmación de la bondad de lo que existía. De mayor trascendencia fue la inauguración del Instituto Normal de varones el 20 de abril de 1891 dirigido por el Profesor Joaquín R. Sánchez. Al año siguiente se empezó en algunas escuelas la enseñanza del modelado, el dibujo con arreglo a nuevos procedimientos, los ejercicios físicos y la caligrafía. Don Urbano Chucarro consiguió por fin que se incorporase al organismo el Jardín de Infantes el que se inauguró el 10 de marzo de 1892, confiándole su dirección a la señorita Enriqueta Compte y Riqué. La clase de sordomudos había sido transformada en Instituto y se inauguró el 16 de febrero de 1891 bajo su iniciador el Sr. Collazo.
El año 1893 fue el año de los proyectos, uno de ellos fue de fundar una faja de escuelas en la frontera para impedir el avance del idioma portugués. Tuvo un carácter más práctico un decreto del Poder Ejecutivo disponiendo la reforma de los programas, la revisión de los libros de texto, la reglamentación de la ley de Educación Común, la redacción de un Código Escolar, la reforma del Reglamento General, el estudio de los horarios, la fundación de un Instituto de ciegos y sordomudos, y la reorganización de la Escuelas Normales. Pero lo que se convirtió en un hecho fue la Reforma del Programa.
En 1895 se ordenó la unidad gramatical de la enseñanza del lenguaje con sujeción a los preceptos de la Academia Española, se militarizó a los alumnos del Instituto Normal de varones, se prohibió a los Maestros exigir a los alumnos la compra de útiles y textos, se reglamentaron las funciones de los Directores sin clase, se hizo facultativo el uso de premios en las escuelas, se dotó de un extenso y bien meditado programa de estudios al Instituto Normal de señoritas y otras decisiones de menor importancia. Hacia la mitad del año se introdujo el uso de las libretas de clase, para que las asignaturas del programa siguieran un paralelismo constante, que quede constancia de los temas, que toda autoridad que visite la escuela vea la altura de conocimientos. En 1896 las Cámaras, por iniciativa del Dr. Evaristo Ciganda, sancionaron la ley de Jubilaciones y Pensiones para el magisterio uruguayo, pero no tuvo en cuenta en ese primer momento a meritorios funcionarios de la administración escolar, cosa que se reparó más adelante con la propuesta del diputado E. Pereda.
Los últimos años del inspectorado de Urbano Chucarro fueron infructuosos para la Instrucción Pública por continuas reyertas y desagrados entre él y los señores vocales de la Dirección General, lo cual llevó a éstos a suspenderlo en sus funciones y pedir al Poder Ejecutivo su destitución. Pero el Gobierno la denegó y esto llevó a la renuncia de la Dirección General. Dejando este episodio de lado, de todos modos se puede ver que tanto Chucarro como sus dignos compañeros se dedicaron con fervor a continuar la obra de Varela.
Algunos meses después don Juan Lindolfo Cuestas procedía a la separación del Sr. Chucarro.
Dr. José Pedro Massera. Quinto Inspector Nacional.
El 3 de marzo de 1898 entró Massera como Inspector Nacional, y estuvo hasta mediados de 1900. Colaboraron con él los Drs. Manuel Herrera y Reissig, Carlos Martínez Vigil, C. M. Riviere y José V. Carvallido.
Una de las primeras cosas que hizo fue reorganizar la manera de proveer útiles y textos a las Escuelas del Estado. Se hizo obligatoria la vacunación reglamentando las obligaciones del Médico de la Corporación, dando instrucciones a los Maestros sobre profilaxis de la tos convulsa y el sarampión, y sobre los paseos escolares. Amplió el programa del jardín de niños, estableció el registro de matrícula permanente, creó las clases preparatorias en las Escuelas Públicas, impuso el concurso para el empleo de Director sin clases, concedió mayor suma de atribuciones a las Comisiones Departamentales. Acordó que una escuela de la Capital llevase el nombre de Joaquín Suárez, y ordenó al magisterio abstenerse en las luchas políticas, prohibiendo en el recinto escolar el uso de distintivos partidarios.
También presentó el proyecto de llamar a concurso de textos escolares correspondientes a las principales materias del programa pero no llegó a concretarse a causa de su inesperada renuncia. Además de todas estas cosas, el Dr. José Pedro Massera aplicó también su tiempo en conocer al personal docente asistiendo a exámenes, concursos y visitando las escuelas de Montevideo.
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