HACIA LA REFORMA Apuntes del libro "Historia de la Escuela Uruguaya" de Orestes Araújo
Hacia la reforma.
En 1875 las Escuelas del Estado se hallaban libradas a la buena voluntad de los Maestros, que se manejaban según sus criterios. El más doloroso aislamiento los rodeaba, al extremo de sucederse los años sin que sus Escuelas, sobre todo en el interior, se viesen favorecidas con la visita de algún funcionario de Instrucción Primaria.
De las escuelas de Montevideo se preocupaba el Dr. Plácido Ellauri , Isidoro de María, Pedro Giralt, Manuel Bonifaz y algún otro. Como consecuencia de ésto los establecimientos particulares aumentaron de manera pasmosa tanto en Montevideo, como en el interior. La entrada de José María Montero (hijo) en la Junta Económico Administrativa de la Capital, la que le confió el puesto de Presidente de la Comisión de Instrucción Pública del Departamento de Montevideo, señala nuevos rumbos a la causa de la educación del pueblo. Adoptó una serie de medidas para reclamar aumento de sueldos, regularizar el funcionamiento de las escuelas, llamar a concurso para la provisión del cargo de Inspector de Escuelas del Departamento. Aspirando a que su acción se extendiera por todo el país solicitó y obtuvo la supresión del Instituto de Instrucción Pública y que el cometido de ese fuese confiado a la Comisión de Instrucción Primaria del Departamento de la Capital. Esto fue bien recibido porque tendía a centralizar la enseñanza.Se ocupó en mejorar los locales de las escuelas públicas. Trató de que los textos no escasearan, adquiriéndolos al por mayor. Adoptó una serie graduada de los libros de lectura. Reclamó de las Juntas el pago a los Maestros. Asesorado por el Dr. Juan Alvarez y Perez, Pedro Ricaldoni, Andrés Dubra, Luis Desteffanis, y el Dr. Francisco A. Berra.
Montero dictó un nuevo programa para las escuelas dando a la educación el triple carácter intelectual, moral y físico, es decir haciéndola integral y para las niñas se suplió la parte física por labores.
Los programas para exámenes de Maestros también fueron reformados empezando a regir a mediados del año, aumentados en cantidad de asignaturas y en la extensión de éstas. También en esta época se cambió el catecismo del padre Astete por otro más moderno. Con fecha enero 1876 Montero renuncia al cargo por falta de aportes de la Junta E. Administrativa para financiar los recursos de las escuelas. Su renuncia no le fue aceptada, pero al mes siguiente, en febrero de 1876 fue nombrado Ministro de Gobierno.La Sociedad de Amigos de la Educación Popular
A fines de 1868 se congregaban en el Club Universitario todos los intelectuales de Montevideo para escuchar una conferencia que daría don José Pedro Varela, recién llegado de EE. UU, donde había ido a estudiar el problema escolar. Sus palabras fueron elocuentes y tuvo el poder de despertar vivo interés en las clases cultas, tanto que el 28 de setiembre del mismo año se celebró en el salón de la Universidad, por iniciativa del Dr. Elbio Fernández y con el concurso de Varela y el Dr. Carlos María Ramírez, una asamblea de la cual surgió la Sociedad de Amigos de la Educación Popular. Dicha Sociedad quedó constituida el 12 de octubre de 1868, nombrándose al Dr. Fernández como Presidente y como Secretarios a los señores Varela y Ramírez.Las primeras sesiones de su Comisión Directiva tuvieron por objeto redactar los estatutos de la Institución, nombrar corresponsales dentro y fuera del país y designar las Comisiones que deberían informar sobre diferentes asuntos: los Sres. Arrechavaleta y Lerena informarían sobre muebles y objetos que más convinieran; los Dres. Vázquez Acevedo y Brito del Pino redactarían el programa de la escuela cuya fundación se había resuelto y los Sres. Varela, Ramírez y Fernández se ocuparían de los sistemas y métodos a que tenían que sujetarse el personal docente del futuro establecimiento de educación que se inauguró el día 29 de agosto de 1869 en una modesta casa alquilada de la calle 18 de Julio y Defensa.
El fallecimiento del iniciador de esta Institución, Dr. Elbio Fernández, acaecido ese mismo año no impidió que se prosiguieran los trabajos de esa Sociedad.
La rebelión del Coronel Timoteo Aparicio contra el gobierno del General don Lorenzo Batlle del 4 al 5 de marzo de 1870 creó malestar económico en todo el país, y se hizo sentir en la Institución. La revolución de Aparicio terminó en abril de 1872, pero la inacción de la Sociedad de Amigos se prolongó un año más en las que surgieron algunas iniciativas relacionadas con las materias de la enseñanza. Don Emilio Romero redactó una Geografía Elemental y una serie de carteles de lectura por el método de palabras; el Dr. Francisco A. Berra, mocionó en el sentido de que se procurase conservar la pureza de la lengua castellana; el profesor Pedro Ricaldoni escribió una Gramática Mnemónica y el Sr. Varela presentó los manuscritos de su obra titulada La Educación del Pueblo, que más tarde fue editada por la Sociedad.
Dentro del plan de esta obra Varela se ocupó del fin y de las ventajas de la educación; de las relaciones de la democracia con la escuela; del programa, métodos generales y particulares de enseñanza, sistemas de organización, disciplina, edificios, muebles, útiles, textos, bibliotecas y maestros de las escuelas primarias y secundarias; de los jardines de infantes, de las escuelas normales; de las universidades y en particular de la instrucción de la mujer.
La efectividad de estos resultados requería que la enseñanza fuera gratuita, obligatoria y laica, con exclusión de materias religiosas y clásicas.
Este trabajo fue recibido con aplausos tanto en Montevideo como en Buenos Aires y premiado en la Exposición Internacional celebrada en Chile en 1876. Cuando años antes se discutió el programa de la Escuela, había surgido la cuestión religiosa, dividiéndose los asociados en dos grupos: el que sostenía la necesidad de que se diese esta enseñanza, y el que abogaba por que ella se reservase a la familia. En el momento de votar hubo empate que decidió Varela declarándose por la educación laica.
Cuando concluyó la guerra, la Sociedad se dispuso a reanudar sus trabajos. El obispo de Montevideo lanzó una pastoral presentando a la Sociedad como enemiga de la educación católica, pastoral que Varela impugnó con brillantez y energía.
Como el problema de disponer de libros que se ajustasen a los métodos y procedimientos empleados en la escuela Elbio Fernández continuaba preocupando a la Institución, El Dr. Berra escribió un Bosquejo Histórico, el Sr. Ricaldoni los Elementos de Física y el Sr. Romero unas Lecciones Progresivas de Composición, que fueron editadas por la Sociedad así como otras producciones igualmente aplicables a la enseñanza y que encuadraban en los preceptos pedagógicos sustentados por ella; obras que poco después servirían también para la enseñanza oficial.La Sociedad también se preocupó de conseguir para su escuela un personal preparado, laborioso, invirtió gruesas sumas en material científico y trajo de EE. UU las primeras mesas bipersonales que se han usado en Montevideo, mejorando después con mesas unipersonales para las clases superiores. Con el transcurso de los años la Sociedad organizó conferencias pedagógicas a los que asistían maestros y maestras de las escuelas públicas y privadas de la Capital, ávidos de oir a Varela, Berra, Pena, Romero y otros.
La Biblioteca Popular se enriquecía con donaciones de obras, difundía sus publicaciones a bajo precio o regalándolas, al extremo de haber lanzado a circulación más de 40.000 ejemplares y por último inauguró un curso normal que dictaron la señora María Stagnero de Munar, y los señores José P. Varela, Francisco A. Berra, Juan M. De Vedia, Emilio Romero, Juan Alvarez y Pérez, Miguel Jaume y Bosch, Geremías Panizza, Buenaventura Ferrer, Juan Scarpa, Pablo Roure, Juan Chiappara, Carlos M. De Pena y Eduardo Acevedo.
Estos y otros muchos trabajos relativos a la educación en sus diferentes grados y caracteres acreditaron tanto a la Sociedad que no sólo fue imitada en toda la República, sino que desde la Argentina, Chile, Paraguay, Brasil y Perú era solicitada su cooperación. Varios gobiernos los invitaron a Exposiciones y Congresos Pedagógicos a los que la Institución envió a sus miembros más ilustrados, como en el de Buenos Aires, al que concurrieron en representación los Drs. Berra, Ramírez y Pena.Contribuyeron entre otros muchos que sería largo enumerar al éxito de esta Institución Elbio Fernández, José P. Varela, Carlos María Ramírez, Alfredo Vázquez Acevedo, Ildefonso García Lagos, Carlos M. De Pena, Francisco A. Berra, Emilio Romero, Domingo Aramburú, José Arrechavaleta, Eliseo F. Outes, Juan Manuel de Vedia, Carlos Ambrosio Lerena, E. Brito del Pino, Jacobo A. Varela, Juan Alvarez y Pérez, Juan Vicente Villalba, Julián O. Miranda y otros muchos.
En cuanto a la escuela Elbio Fernández aparte del apoyo de la Sociedad a los Preceptores que tuvo a su rente contribuyeron a sostenerla con su laboriosidad, celo, e ilustración. Entre sus maestros figuraron Celestino Ortega su primer Director, Albino Benedetti, Juan Scarpa, Buenaventura Ferrer, Gerónimo Panizza, Eduardo Miranda, José Gugliucci, Casio Basaldúa, Carlos Stagnero, Antonio Pan, Roque Pórfido, Dolcey Puig y otros. Scarpa estuvo en su dirección desde 1874 a 1882 en que se fue a Argentina, de donde fue solicitado. Oriundo de Italia con el título de Maestro Superior llegó aquí en el momento que la Sociedad llamaba a concurso para proveer el cargo de Director de su escuela.
A solicitud de la Comisión Directiva de la Sociedad Amigos de la Educación Popular el Sr. Scarpa redactó un nuevo programa que fue aceptado sin observación y que a los pocos años debía servir de base al que Varela implantó en las escuelas públicas cuando el Gobierno le confió la Dirección General de las mismas. La Escuela Elbio Fernández fue la precursora del movimiento educacional operado en la República.
Cuando en agosto de 1876 entró José P. Varela al cargo de Director General de Instrucción Primaria, estaba la Escuela Elbio Fernández en pleno florecimiento. En ella Varela había hecho realidad el sistema que llevó a las escuelas públicas, sistema que vino a concluir con la rutina y con las absurdas prácticas de la enseñanza antigua.
Los enemigos de la Reforma
Al principio de la Reforma escolar los enemigos de ésta fueron muchos, no sólo en Montevideo, sino en todo el país al punto que parecía que Varela y sus partidarios caerían en un fracaso. Las Juntas E. Administrativas del interior fueron las primeras en declararse enemigas, porque la centralización había casi anulado su injerencia en los asuntos escolares. Con ellas hicieron causa común los políticos que no miraban con buen talante a los Inspectores de Instrucción Primaria . Pero el adversario más grande que tuvo la Ley de Educación Común fue el partido católico. Los enemigos del regimen político imperante a la sazón, al principio no perdonaban a Varela el concurso que, según ellos, prestaba a la Dictadura, siendo así que Varela a quien servía, era a su Patria y no al Coronel Latorre.Varela decía que no se puede combatir la dictadura con más seguridad, que transformando las condiciones intelectuales y morales del pueblo, ni pueden transformarse estas condiciones por otro medio que por la escuela. También hubo parte de la Prensa. En medio de esta atmósfera Varela no perdió nunca su aplomo y serenidad, su actitud noble y resuelta concluyó por granjearse las simpatías y la admiración de todos al extremo que su amigo de la infancia, que tanto lo combatiera en público – Carlos María Ramírez – días antes del fallecimiento del Reformador se expresaba del siguiente modo: "La bandera del espíritu moderno, la bandera de nuestra regeneración social está en manos de don José Pedro Varela. Si militamos bajo esa bandera, no tengamos embozo en honrar al abanderado. Yo, por mi parte, me complazco en saludarlo desde esta tribuna con el título que ya le han discernido las simpatías populares: con el título de Horacio Mann Oriental".
Triunfo de la Reforma
Las críticas, censuras y ataques de que fue blanco Varela no lo acobardaron ni lo convencieron de que su obra pudiera adolecer de graves deficiencias. Se dispuso a presentar el cuadro que ofrecía la enseñanza oficial celebrando en un espacioso local, un concurso de suficiencia relativa entre los alumnos de igual conocimiento de todas las escuelas públicas del Departamento de Montevideo. Si el resultado correspondía a sus esperanzas, quedaba evidenciada la bondad del nuevo regimen por él planteado, de lo contrario sus enemigos estarían en lo cierto.Se realizó en enero de 1879. A fin de que nadie pudiera tildar de parcialidad a las autoridades escolares en la formación de las Mesas del concurso, invitaba a presenciarlo a personas de todas las clases sociales, aunque fuesen sus enemigos, periodistas, sacerdotes y oradores que los habían atacado sin tregua. También padres de familia vinieron a formar parte de estas Mesas encargadas de presidir estos concursos. Otro triunfo de Varela fue la fiesta que celebró en mayo del mismo año con motivo de la repartición de premios a los alumnos de las escuelas públicas de los Departamentos de Montevideo y Canelones, que los habían ganado en los exámenes de prueba de curso de 1878. Los escolares en número de 9.000 divididos en 4 columnas llevando al frente su respectiva banda de música, desfilaron por las calles centrales de Montevideo y luego penetraron en el teatro Solís donde recibieron la medalla o el diploma. Este acto fue presidido por Juan Alvarez y Pérez y José María Montero.
Además de La Educación del Pueblo, de las muchas traducciones y arreglos que constituyen los 9 tomos de la Enciclopedia de Educación y del célebre libro De La Legislación Escolar, Varela escribió 2 voluminosas Memorias que abrazan el período de abril de 1876 hasta el 31 de diciembre de 1878. Estas Memorias son un verdadero monumento a la Instrucción Pública del Uruguay.
Muerte y Apoteosis de Varela
Varela contrajo en el ejercicio de su ministerio una terrible enfermedad que lo tuvo postrado varios meses en cama hasta que concluyó con su vida el 24 de octubre de 1879 a los 34 años de edad. Su muerte repercutió en toda la República. El Gobierno por intermedio del Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo decretó que las oficinas del Estado permanecieran cerradas durante el día del entierro. El acto del entierro fue majestuoso y nunca visto pues no menos de 20.000 personas concurrieron a él. El ataúd era conducido a mano por el Presidente de la República, coronel Lorenzo Latorre; el Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Gualberto Méndez; el de Gobierno José María Montero (hijo); el de Guerra y Marina coronel Eduardo Vázquez, el Jefe del Estado Mayor coronel Ventura Torrens y el comandante don Máximo Tajes, Jefe de uno de los batallones de guarnición de Montevideo. El cortejo estaba formado por lo más selecto de la sociedad en número incalculable de personas, la Escuela de Artes y Oficios, la de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular y los alumnos de 2 escuelas municipales, cerrando la columna 2 batallones de cazadores y una brigada de artillería. Retumbaba el cañón y la bandera a media asta.
Bibliografía más reciente sobre José Pedro Varela, existente en la Biblioteca de Investigación del Museo.
Pcio. Legislativo. "Centenario de la Ley de Educación Común". 1977,
Anastasía, L. "Educación y república de autogestión. 1974.
Monestier,J. "El combate laico". 1992.
González,J. "José Pedro Varela. El hombre y el mito." 1997.
Rossiello,L. "Narraciones olvidadas de José Pedro Varela. 1992.
Bralich,J. "Varela." 1989.